Técnicas hidráulicas en México, paralelismos con el Viejo Mundo:

III. Entarquinamiento en cajas de agua

 

Jacinta Palerm Viqueira, Martín Sánchez Rodríguez, Elvia López Pacheco, José Luis Pimentel Equihua, Herb Eling *

VIII Reunion Nacional sobre Sistemas de Captacion de Agua de Lluvia 20 al 22 de Agosto del 2001

Sede:Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Campus Chihuahua, México

 

II Encuentro sobre Historia y Medio Ambiente 24 al 26 de octubre 2001

(Sesión preparatoria del XIII Economic History Congress)

Huesca, España

 

Presentación

En México encontramos varias técnicas e instrumentos hidráulicos que podrían ser originarios del Viejo Mundo o que se encuentran también en el Viejo Mundo: El "shaduf", llamado en México bimbalete (todavía en uso). El "qanat" o "foggara", llamado en México pozería (sic) o galería filtrante; todavía en uso --y existen galerías en construcción. Las norias, ya no se encuentran en uso, pero dejaron su marca en el norte de México donde actualmente llaman a los pozos "norias". El entarquinamiiento en cajas de agua parece corresponder a una técnica también encontrada en las islas Canarias, allá llamadas "gavias". Sabemos muy poco por no decir nada sobre la introducción, en lo que ahora es México, de técnicas e instrumentos hidráulicos a partir del contacto, salvo probablemente la más obvia: el arco, que permite sortear barrancas. En el período prehispánico no se conocía el arco y el problema de sortear barrancas se solucionó por ejemplo con rellenos de piedra y tierra y con "canoas" troncos de árbol ahuecados.

La propuesta de sesión de Tomás Glick [Sesión 17-- Transferencia de técnicas, modos de producción y usos del agua en Europa y América Latina (desde la Antigüedad hasta el siglo XX) para el XIII Economic History Congress, a celebrarse el 2002 en Buenos Aires] nos resultó muy sugerente dado que llevábamos algún tiempo discutiendo sobre las evidencias de origen prehispánico o colonial del entarquinamiento en cajas de agua --asunto que aún no resolvemos a entera satisfacción. La convocatoria de sesión nos impulsó a una búsqueda de paralelismos con el Viejo Mundo y en ampliar los estudios de caso sobre esta técnica en México. Adicionalmente y para fines de sugerir que el paralelismo no es excepcional decidimos incorporar a el tratamiento de otras técnicas e instrumentos: la galería filtrante y los bimbaletes.

La indagación sobre galerías filtrantes nos arrojó resultados no esperados: la importancia actual de las galerías en México; la indagación sobre bimbaletes nos presentó el problema de la variación en nombres para denominar lo mismo y, particularmente para el entarquinamiento, la imprecisión de las descripciones. Imprecisión no tan grave en el caso del bimbalete por la simplicidad de la técnica, no obstante construir uno por las descripciones no parece buena idea. Aunque los avances son preliminares sugieren que la metodología de búsqueda de paralelismos aporta excelente información y enriquece el conocimiento y análisis de técnicas e instrumentos de uso regional.

Nota: Por la naturaleza de la presente presentación de resultados con el carácter de exploratoria, abusamos de la notas a pie de página a fin de presentar la documentación del caso que nos ocupa.

 

III. Entarquinamiento

En México existe una técnica para la utilización de aguas de crecida, también llamadas torrenciales, de avenida o broncas -que se presentan con la estación de lluvias -de junio a agosto), y consiste en canalizar las aguas torrenciales a depósitos artificiales llamados "cajas de agua", "bordos", "cuadros de agua", "trincheras" , "muros" o "pantles" entre otros. La función principal de estos depósitos parece ser la de capturar el agua para dotar de humedad y fertilidad al suelo. También parece tener ventajas en cuanto al control de ciertas malezas y nemátodos. Igualmente ventajoso es que evita la salinización del suelo. Otros efectos no estudiados es la creación de una ecología particular a donde llegan patos salvajes y proliferan peces, la recarga de acuíferos por la infiltración del agua y, finalmente, el control de avenidas.

Esta técnica se utilizó típicamente para cultivos de invierno como el trigo, la lenteja y el algodón, pero en las últimas décadas se ha refuncionalizado para el cultivo de hortalizas y fresa. Es conocida en México de distintas maneras, la más común es la de entarquinar pero se le reconoce como enlagunar, anegar, enlamar y también, de manera errónea por las nuevas generaciones de agrónomos, como riego por inundación. 1

A pesar de que los documentos de archivo lo mencionan y prácticamente lo describen; a pesar del señalamiento hecho por los distintos viajeros que recorrieron las regiones cerealeras del país; a pesar de su continuo uso hasta nuestros días, la práctica del entarquinamiento parece haber sido olvidada por técnicos y científicos sociales como el método de riego que facilitó el aprovechamiento de las aguas torrenciales en una amplia zona del país. También parecen olvidar que gracias al uso de las cajas de agua fue posible el crecimiento sostenido de la frontera agrícola de riego entre los siglos XVIII al XX más allá de la antigua frontera mesoamericana. Hoy en día, el entarquinamiento y las cajas de agua son considerados como un método tradicional de riego que sólo provoca el desperdicio de agua a través de la evaporación y la infiltración.

Tratar de entender lo que es el entarquinamiento ha sido un poco complicado y encontrar paralelismos con el Viejo Mundo dificulta más la investigación. Los textos y estudios consultados son parcos en su explicación y carecen de buenas imágenes de apoyo. Además, debemos considerar las diferencias entre África, Europa y América y, dentro de esta última, las distintas formas que se han documentado para México o los Estados Unidos. Por lo tanto, nuestra estrategia ha consistido en partir de un estudio de caso a profundidad (Eling y Sánchez 2000, Sánchez 2001) que nos aportó una descripción de la técnica y nos permitió la búsqueda de otros casos históricos y actuales del uso del entarquinamiento con cajas de agua en México (casos Celaya, Aguanaval, y Coeneo Huaniqueo).

Un segundo punto ha sido la búsqueda de técnicas similares reportadas para el Viejo Mundo a partir de la consulta de diccionarios (la definición y traducción de entarquinamiento a otros idiomas), manuales de agricultura decimonónicos y consulta directa a investigadores europeos. En esta parte del proceso no siempre hemos coincidido en si la técnica descrita es equivalente o no al entarquinamiento en cajas de agua; en parte debido a que tomamos o desechamos ciertos rasgos como definitorios de la técnica o a que la técnica con la que estamos tratando de comparar no siempre está claramente descrita.

Finalmente hicimos un ensayo de buscar en el catálogo del Archivo Histórico del Agua (AHA) en la ciudad de México, las menciones de "entarquinamiento", suponiendo que en México la palabra corresponde a una técnica uniforme. En este catálogo ubicamos una multitud de lugares donde se reporta entarquinamiento; las menciones corresponden a la primera mitad del siglo XX (por el carácter mismo del archivo), pero es posible que la información contenida en los expedientes nos remitan hacia atrás.

¿Qué es "una caja de agua"?

De acuerdo a la investigación en archivos, los recorridos de campo y las descripciones proporcionadas por los pocos estudios disponibles Eling y Sánchez han definido a las cajas como:

Extensiones variables de terreno rodeadas por bordo de tierra que tienen por objeto almacenar el agua, humedecer la tierra y servir cómo área de cultivo. La superficie de la caja varía de acuerdo con el volumen de agua que se desea almacenar, así como de las condiciones topográficas del lugar ya que éstas pueden favorecer o impedir la formación de láminas de aguas o la concentración de un mayor o menor volumen de agua. De acuerdo con la información localizada, esta superficie podía ser de entre 5 a 150 hectáreas. Para satisfacer las condiciones de estabilidad y mínima filtración, las dimensiones de los bordos de sección trapezoidal que limitan las cajas varían de acuerdo con la naturaleza del terreno y de la lamina de agua almacenada, ya que las funciones de los bordos serán el de resistir el empuje del agua y no permitir las filtraciones que pondrían en serio peligro la estabilidad de los bordos. (Eling y Sánchez, 2000:112)

A esta caracterización debemos agregar otros aspectos técnicos que nos ayudan entender mejor el funcionamiento de las cajas y la práctica del entarquinamiento en la cuenca del río Lerma, que es la región donde se han documentado las cajas más antiguas (siglo XVIII). Al respecto, Martín Sánchez agrega que las cajas de agua cuentan con dos clases de obra de regulación: las que regulan la entrada de agua y las que arreglan la dotación, conducción y desalojo del líquido. Con respecto a las primeras, es común encontrar presas de derivación construidas sobre el cauce del río, canales abiertos directamente sobre las márgenes de corrientes superficiales o una combinación de presas y canales que pueden llegar a tener varios kilómetros de longitud. En los tres casos las obras sirven para aminorar la presión hidráulica y evitar la erosión de los campos de cultivo. Sin embargo, el funcionamiento de este tipo de entarquinamiento no se puede entender sin considerar la red de canales secundarios, compuertas y bordos que arreglan la dotación, conducción y desalojo del agua torrencial. (Sánchez 2001)

La cuenca del Lerma también parece haber concentrado de manera importante la utilización de las cajas de agua. Esta información se desprende de los datos proporcionados por el Archivo Histórico del Agua y puestos sobre un mapa de México. (VER MAPA, VER LISTA) Sin embargo, otras regiones más al norte como la Comarca Lagunera, caracterizada por el cultivo del algodón -que tuvo una enorme importancia en la economía del país durante la segunda mitad del siglo XIX y particularmente en el siglo XX---, también se distingue por la práctica del entarquinamiento.

Junto a los dos casos anteriores que nos remiten a la época colonial y siglo XIX mexicano, debemos considerar un conjunto de técnicas de manejo de agua torrencial a partir de depósitos artificiales (cajas de agua) cuyo origen es prehispánico y que ya han sido estudiadas. Nos referimos al "floodplain irrigation" que Gary Nabhan describe para los grupos indígenas de Sonora,2 las "terrazas de temporal" o "valley systems" referidas para el valle de Tehuacan, Puebla por Angel García Cook y fechadas entre los 250 a 700 a.d.C.3 y los "pantles" complemento de las terrazas para la misma región mencionados por Enge y Whiteford.4 Los "muras" (sic) de los valles de Oaxaca descritas por Kirby y que traduce como "floodwater farming".5 En el propio estado de Oaxaca pero en la región de la Mixteca Alta, Ronald Spores primero y Marcus C. Winter después, lo llaman "lama-bordo".6 Finalmente, Pedro Armillas, retomando a otros autores, prefiere calificarlas como presas7. De la misma manera que lo hace Teresa Rojas8

Con relación a su disposición sobre el terreno y sus componentes estructurales, las soluciones son variadas. Al respecto, la topografía es un elemento importante a considerar porque condiciona en cierta medida la distribución espacial de los depósitos. Hasta el momento hemos podido definir 4 esquemas de manejo del agua torrencial por medio de cajas. Quizás el esquema más simple es en donde los depósitos son construidos aprovechando los cauces de arroyos, quebradas y depresiones serranas, levantando bordos, diques o atajadizos utilizando troncos, ramas, tierra, piedras, árboles, etc. Estos bordos se atraviesan sobre los cauces para retener el agua y materia orgánica y extender la superficie inundada. Su altura, longitud y resistencia dependen de los materiales utilizados para su construcción. Por ejemplo las cajas que Kirbky describe para Oaxaca están construidas a base de piedras o combinaciones de tierra y ramas que llegan a tener menos de un metro de altura y de 3 a 30 metros de longitud. (Kirbky, 1972:65) En Tehuacan los bordos alcanzan los 100 metros de longitud y en Sonora se construyen con ramas e incluso plantando artificialmente árboles de la región. (García Cook, 1985:54; Nabhan citado en Worster, 1985:33) En Guanajuato hemos localizado bordos construidos a base de tierra y piedras que llegan a medir más de 5 metros de altura y más de 100 metros de longitud. En cuanto a la superficie de cultivo que se crea, también tenemos variaciones que van de las 0.2 a 14 has. para Tehuacan; de media hectárea para la Mixteca Alta, de 3 a 4 acres en el suroeste de los Estados Unidos y de más de cien hectáreas para Guanajuato y ciénega de Chapala.

Estas cajas casi siempre se construyen en series o conjuntos pero al hacerlo las condiciones topográficas obligan a que su distribución sólo puede hacerse en forma escalonada o tandem. La función de los muros, diques o bordos es la de retener agua y suelo para crear una superficie de cultivo una vez que el agua se haya infiltrado y evaporado, y depositado el suelo enriquecido con materia orgánica.. El agua y limo que llena la caja superior se derrama por encima de la corona o parte alta del atajadizo y pasa a la caja siguiente tantas veces como depósitos se hayan construidos. Por lo tanto, el bordo en este tipo de cajas es la principal y casi única obra hidráulica que se construye. (FIGURA 1)

Un segundo esquema que denominaremos de ladera se desprende también del aprovechamiento de los arroyos y cañadas pero además del bordo que retiene el agua cuenta con un otras obras principales: un canal de conducción, depósitos construidos en las laderas y valles y compuertas de acceso y desagüe. En este caso los bordos transversales a la corriente son utilizados como presas de derivación ya que la superficie de cultivo es distinta a la de captación de agua. Por esta razón los canales de conducción, las cajas (también formadas por bordos) y las compuertas constituyen elementos estructurales del sistema. Esta forma de aprovechar el agua de lluvia permite incrementar sustancialmente la superficie de cultivo a través de la creación de más cajas con mayor superficie, lo que redunda en el incremento de la altura de los bordos propios de las cajas. (FIGURA 2)

En el tercer esquema se prescinde de las presas de derivación y en su lugar se abren boca-tomas directamente sobre la corriente de agua. En algunos casos esto implica reforzar las embocaduras de los canales para evitar que las avenidas erosionen su entrada. La distribución del agua en las cajas se hace derivando el líquido por los canales de manera que cada depósito sea llenado de manera independiente. (FIGURA 3)

En el cuarto y último esquema que denominaremos de caja recibidora, también contamos con presas de derivación, canales principales, compuertas y cajas de agua. Sin embargo, a diferencia del tercero la distribución del agua se hace a partir de una caja principal que recibe el nombre de caja recibidora que es un gran depósito y que tiene una o más compuertas de acceso y desalojo de agua. Por su ubicación en la parte más alta del terreno y más cercana a la acequia principal, estas cajas recibe primero las aguas, las almacena hasta que alcanzan cierta altura para después distribuirlas hacia otras cajas. (FIGURA 4)

Hasta hace un par de años, la mayor parte de los estudios sobre el manejo de agua torrencial en México se circunscribió a las regiones indígenas. Esta razón explica el hecho de que el uso de las cajas de agua está más documentado aunque con problemas conceptuales. Por lo mismo, en el equipo de trabajo hemos considerado presentar otros casos que tienen la particularidad de que las cajas están construidas en valles y antiguas ciénegas del centro y norte del país. Se trata de cajas cuya antigüedad nos remontan cuando mucho al siglo XVIII. Los casos aquí referidos, junto con los prehispánicos, nos permitirán conjuntar la parte americana de la práctica del entarquinamiento para proceder a establecer una comparación con el Viejo Mundo.

Estudios de caso:

Las cajas de agua en el valle de Celaya

El valle de Celaya en Guanajuato, es la zona de la cuenca del Lerma donde se ha registrado documentalmente las cajas más antiguas. Gráficamente el primer registro localizado data de 1806 y corresponde a un plano mandado elaborar por las autoridades virreynales para ver los efectos de las inundaciones en la ciudad de Celaya por motivo del funcionamiento de las cajas de agua. Sin embargo, Martín Sánchez plantea que la construcción sistemática de las obras para el aprovechamiento de las aguas torrenciales a partir de cajas de agua se inicia a finales del siglo XVII y principios del XVIII y tienen que ver con el incremento en la demanda regional de cereales. (Sánchez, 2001)

Los recorridos de campo realizados hasta ahora nos muestran que en la zona funcionaron varios esquemas de cajas de agua: el esquema de tandem localizado en las estribaciones serranas que circundan el valle por la parte noroeste, el esquema de ladera también ubicado en las inmediaciones al valle pero por la parte noreste y el de caja recibidora ubicado en toda la parte plana del territorio.

Las cajas en tandem se localizan en el municipio de Juventino Rosas. En esta parte no corre ningún río pero de la sierra de los Codornices bajan unos caudales que forman arroyos estacionales que descienden a la parte plana del valle de Celaya ubicado a una altura de 1750 msnm. Durante el periodo colonial y el siglo XIX fueron construidas las cajas de Montuoso, Lomo de Toro, Jaralillo, Guadalupe, El Sáuz, Pasamano, La Presa, San Nicolás, San Juan y La Segunda, mismas que estuvieron en funcionamiento hasta años recientes. Los bordos de las seis primeras cajas fueron construidos a base de tierra o una combinación de tierra y piedra sobre el cauce de los arroyos y alcanzan una altura de poco más de diez metros por varios cientos de longitud. En La Presa, San Nicolás, San Juan y La Segunda el bordo es de tierra y va aumentando su altura conforme crece la pendiente hasta alcanzar de 3 a 5 metros en su parte más alta. (FIGURA 5) Sin embargo, no son el único ejemplo de cajas de agua en la región. Ya entrando en el valle, la bordería de un complejo sistema de riego se destacaba hasta mediados del siglo XX.

Las evidencias más palpables de cajas de ladera han sido localizadas a inmediaciones del pueblo indígena de San Juan de la Vega, al norte de la ciudad de Celaya. Nos referimos concretamente a un conjunto de grandes cajas construidas a finales del siglo XVIII por los propietarios de la hacienda de Guadalupe. En el año de 1784 la corona concedió merced real para aprovechar los remanentes del río de la Laja y las filtraciones y derrames de una presa denominada de Labradores. Pensada originalmente para irrigar las tierras de la hacienda de Guadalupe, la final, las aguas que ahí se derivaron fueron divididas en dos partes. Por la margen izquierda partía el canal de Guadalupe o Sanabria cuyo origen era una compuerta de libre admisión y de forma rectangular terminada por un arco de círculo que tenía 1.75 m. de ancho y 2.48 de altura máxima. Con una longitud aproximada de 10 kilómetros, el canal de Guadalupe servía de división entre las labores de riego y las de temporal de las haciendas de Guadalupe y Jáuregui. En su trayectoria alcanzaba a derivar agua para llenar 29 cajas de agua.

El sistema de cajas recibidoras también dependían para su llenado de la excavación de canales principales que derivaban el agua desde el río de la Laja hasta los campos de cultivo. Los hacendados que poseían tierras en el valle y con pendientes menores de 2 % usaban las cajas recibidoras para distribuir, a partir de este primer almacenamiento, el agua para llenar el resto de los depósitos. Dada su función de recibidora y distribuidora, estas cajas podían alcanzar más de 100 has. de tierra de cultivo y contar con bordos que pasaban los tres metros de altura en su parte más alta. (FIGURA 6)

Un elemento fundamental para el entarquinamiento en Celaya era la distinción de las aguas que podían ser de utilidad para el llenado de las cajas en virtud del volumen en materia orgánica que acarreaban las corrientes. Para el caso que nos ocupa, si las lluvias se concentraban en el valle y partes inmediatas de la serranía circundante, las aguas no se utilizaban para el entarquinamiento. En cambio si el agua de lluvia venía de las partes altas de la sierra de Guanajuato, entonces se abrían las compuertas de las acequias principales de acuerdo a un ciclo de tandas. Esta era la razón por la cual los agricultores del valle sólo hacían uso de 4 o 8 avenidas con duración hasta de una semana. (Sánchez, 2001)

El agua derivada por los canales era depositada en la superficie de cultivo siguiendo una secuencia determinada por la distribución de las cajas. Según el testimonio del agrónomo alemán Karl Kaerger y diversos expedientes del Archivo Histórico del Agua (Kaerger, 1900), las cajas podían estar ocupadas desde el mes de junio hasta septiembre dependiendo del buen o mal temporal de lluvias. Parte del agua depositada se consumía por filtración y evaporación. La restante era evacuada siguiendo una secuencia que facilitaba la conservación de la humedad y la siembra de semilla. Los cultivos practicados eran de invierno y se concentraban en el trigo o garbanzo dependiendo de la zona de entarquinamiento. Durante el tiempo de las haciendas se conservaba una caja llena de agua hasta fines de diciembre para garantizar uno o dos riegos de apoyo.

El año de 1900 el agrónomo alemán Karl Kaerger visitó el valle de Celaya y dejó el siguiente testimonio de su funcionamiento:

En el distrito de Celaya del estado de Guanajuato se ha logrado en forma artificial lo que la naturaleza misma ofrece en las lagunas secas de Jalisco. Existen en este distrito grandes extensiones de terreno cuya superficie oscila entre 5 y 50 hectáreas. Estas fueron transformadas en estanques artificiales mediante la construcción de bordos elevados, de 2 metros de altura y del mismo ancho hasta la parte superior en el caso de los terrenos más grandes, hacia donde se conduce el agua de riego derivada de un río durante su crecimiento de época de lluvia. El agua se conserva en este lugar durante 4 meses, de junio hasta septiembre. Después de que se haya asentado todo el contenido de lodo, el agua se deriva a los canales de riego a través de compuertas. Estos terrenos así abonados y suavizados se siembran con trigo, que debe ser irrigado artificialmente otra vez en el invierno.(Kaerger, 1986:225)

Otro testimonio de la época habla de la alternancia de cultivos entre el trigo y maíz. Es decir que las cajas que un año eran sembradas con trigo, al siguiente lo hacían con maíz. Después de este cultivo de descanso seguían dos períodos de trigo. Esta alternancia unida a los beneficios del entarquinamiento evitaba la invasión de hierbas perjudiciales como la mostaza, el nabo silvestre, la colecilla y otras.9 También ocurría que poco tiempo después de la cosecha se dejara crecer una hierba llamada "gamalote", que se aprovechaba como pasto para ganado. (Kaerger, 1986:226)

El tamaño de las cajas de agua en el Bajío guanajuatense fue variado. Las cajas más pequeñas sólo cubrían una superficie menor a las 5 hectáreas, mientras que las de mayor dimensión, comúnmente denominadas "recibidoras" por ser las primeras en recibir el agua, iban de las 30 a las 150 hectáreas. Esto significaba la necesidad de construir bordos de tierra de sección trapezoidal de varios metros de altura y de ancho. (FIGURA 7). En ocasiones, el talud interno del bordo era recubierto con piedras para evitar la destrucción del mismo.

Como consecuencia del reparto agrario del siglo XX el uso de las cajas de agua fue decayendo. En un principio, los problemas con la cantidad de agua adjudicada a los ejidatarios y las diferencias internas impactaron el funcionamiento de las cajas. Posteriormente, las obras de gran irrigación materializadas en la construcción de la presa Solís (ca. 1946) para controlar las aguas del río Lerma, e Ignacio Allende (ca. 1970) para represar las aguas del río de La Laja, terminaron por definir el uso de las cajas de agua en el valle de Celaya.

Sin embargo, las cajas de Guanajuato no fueron los depósitos más grandes localizados hasta ahora. En la ciénega de Chapala, por ejemplo, también durante el periodo de la hacienda, el entarquinamiento a partir del uso de las cajas de agua fue una práctica recurrente. La hacienda conocida como La Luz entarquinaba de 700 a 800 hectáreas en 14 cajas. La más pequeña de todas tenía una superficie de 61.16.00 has. mientras que la mayor alcanzaba a cubrir las 293.90.00 has. Debido a sus dimensiones, el tamaño de los bordos de tierra que las rodeaban tenían una altura que variaba entre los 2 y 2.5 mts. sobre el nivel del suelo10. La hacienda vecina de La Estanzuela tenía 15 cajas de varias decenas de hectáreas cada una11.

Las cajas de agua en el valle Coeneo-Huaniqueo

Dentro de la misma cuenca del Lerma, la planicie que ocupaba el antiguo vaso de la laguna de Zacapu es la tercera zona importante donde la práctica del entarquinamiento se desarrolló más ampliamente desde el siglo XIX. Hasta antes del reparto agrario, las distintas haciendas y ranchos habían construido 138 cajas de agua y presas para aprovechar las aguas torrenciales del río de La Patera. Una de las cajas más grandes tenía un bordo de cintura que alcanzaba los 5 kilómetros de longitud12. (FIGURA 8) Dado el tamaño que alcanzaban las cajas de agua sobre el río de La Patera, los bordos de sección trapezoidal podían tener de uno a tres metros de altura, con una base de dos a cinco metros de ancho.

Como en Celaya y Zamora, el llenado de las cajas se efectuaba en los meses de lluvia y según datos recabados en el año de 1908, el conjunto de cajas almacenaban hasta 220 millones de metros cúbicos. Debido al volumen almacenado, el vaciado de las cajas se llevaba 40 días comprendidos entre la segunda quincena del mes de octubre y la primera de noviembre, siendo el trigo el principal cultivo hasta muy entrado el siglo XX13. En esta zona los bordos eran levantados de manera transversal a la corriente del río, o bien a un costado del mismo.

El entarquinamiento a partir de las cajas sigue practicándose hoy en día en la cuenca del río de La Patera. Las cajas que aun funcionan son más pequeñas que las referidas por los documentos de archivo. Otro elemento a destacar es el uso indistinto de agua perenne y agua torrencial para el llenado de las cajas. Finalmente, el periodo de llenado puede variar de uno a cinco meses.

A diferencia de Celaya, el reparto de tierras y aguas posrevolucionario no debilitó o destruyó la práctica del entarquinamiento o "enlagunado" como lo denominan en la zona14. En este sentido, en una de las grandes cajas del tiempo de la hacienda pueden localizarse varias pequeñas parcelas ejidales o de pequeña propiedad -5, 8, 25 o más ejidatarios o propietarios dependiendo del tamaño de la caja-. Esto nos habla de la organización social persistente que permite el funcionamiento del entarquinamiento ya que dentro de las cajas los linderos entre una parcela y otra sólo están marcados por piedras incrustadas en los extremos de los bordos formando líneas paralelas imaginarias15.

En cuanto al tipo de cultivo que se practica en la zona, hemos de decir que durante el tiempo de la hacienda dominaba el trigo y maíz. Hoy en día la situación se presenta diferente y variable por motivo de la disponibilidad de agua y la recurrencia de las heladas. Cuando la fuente de agua son los manantiales que nacen en las estribaciones serranas, los ciclos de cultivo de maíz, janamargo y lenteja empiezan en marzo para cosecharse de octubre a noviembre.

El uso de aguas torrenciales implica arreglos más complejos y una variedad de calendarios en las labores agrícolas. En principio se tiene que llegar a un acuerdo entre las partes para decidir entarquinar o no. A partir de este acuerdo es posible fijar fecha de siembra y tipo de cultivo.

Las cajas de agua en la Comarca Lagunera

La Comarca Lagunera se considera una región geográfica y económica que comprende aproximadamente 600,000 hectáreas de llanura que por la calidad y las características de sus tierras, por su clima y condiciones hidrográficas, son propicias para los cultivos de algodón y trigo, y susceptibles de producir alfalfa y vid en gran escala. Se localiza entre los estados de Coahuila y Durango. Recibe las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval. El primero nace en las sierra de Durango y recorre más de 300 kilómetros hasta su desembocadura en la laguna de Mayrán. Por su parte el río Aguanaval nace en la sierra de Abrego, en el municipio de Fresnillo, Zacatecas y después de haber recorrido 475 kilómetros aproximadamente, y pasado por los estados de Zacatecas, Durango y Coahuila, termina en la laguna de Viseca. (Despertar Lagunero. p. 24-25).

Tanto el Nazas como el Aguanaval son corrientes de carácter torrencial, con dos épocas definidas: la del estiaje, durante la cual el cauce del río permanece seco o arrastrando cantidades no significativas de agua, y la de las grandes avenidas o crecientes, que coincide con el período de lluvias, durante el cual descienden grandes cantidades de agua bronca en una o en varias veces sucesivas. Para ilustrar la magnitud de las fluctuaciones de las aguas broncas, en la revisión hecha por la Liga de Agrónomos Socialistas durante 20 años, encontraron que estas van desde los 177 millones M3 en 1929, hasta los 3, 157 millones M3 en 1919.

Para el año de 1938, el Banco Ejidal calculó una superficie de 86, 082 hectáreas regadas con las aguas broncas, de las cuales 3,161 hectáreas utilizaron avenidas del rió Aguanaval. Estas avenidas se caracterizaban por ser intermitentes, se presentaban como descargas, duraban de uno a varios días, al iniciar acarreaban poco agua, la cual se iba incrementando hasta que el caudal alcanzaba el punto máximo, que era el que determinaba la intensidad de la creciente, en junio y julio el caudal de aguas broncas tendían a descender, luego aumentaba nuevamente el volumen hasta alcanzar sus máximos en agosto y septiembre - existieron años donde el volumen de las aguas broncas fue tal que alcanzó los 4,000 M3/seg - para luego disminuir nuevamente en los meses de octubre y posteriores. (Liga de Agrónomos Socialistas. p. 134-152).

Con el objeto de aprovechar las aguas torrenciales del río, los regantes han delimitado la superficie de cultivo con bordos de tierra de uno a dos metros de altura, con los cuales forman compartimentos de extensión superficial variable, de manera "que dichos cuadros quedan convertidos en verdaderas cajas de agua". (Liga de Agrónomos, 1940, p. 140). Sin embargo, a la operación de llenado y vaciado de las cajas se le llama "anegar" y a las superficies "tierras anegadas":

Al sobrevenir la creciente del río, el agua es conducida por los canales a los cuadros, inundándolos hasta lograr láminas de 0.70 a 1 metro de altura, durante un período de veinte a veinticinco días, y se vacían a otros cuadros hasta que son totalmente absorbidas por el suelo. (Liga de Agrónomos, 1940, p. 140)16

Durante el periodo de la hacienda y buena parte del siglo XX, las cajas fueron cultivadas predominantemente con trigo y algodón. Con relación al trigo, la siembra se llevaba a cabo generalmente en noviembre y diciembre, de tal manera que la germinación así como su crecimiento, era posible gracias al aprovechamiento de la humedad lograda con los aniegos, mientras que las operaciones de corte y trilla se efectuaban en los meses de mayo y junio. Respecto al algodón, la siembra se llevaba a cabo entre el período comprendido de mediados de febrero hasta mediados de abril (ver cuadro), mientras que la cosecha se llevaba a cabo durante agosto, septiembre y octubre. Como se puede observar en el cuadro, el período mas intenso de la pizca de algodón se presenta en el mes de septiembre, justo cuando coincide con el máximo punto de frecuencias de las avenidas de las aguas broncas, lo cual obligaba a contratar un mayor número de jornaleros en la cosecha ya que se corría el riesgo de no aprovechar la avenidas de aguas broncas del nuevo ciclo agrícola por encontrarse el algodón en pie.

 

Ago

Sep

Oct

Nov

Dic

Ene

Feb

Mar

Abr

May

Jun

Jul

Ago

Sep

Oct

Avenidas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trigo

 

 

 

siembra

 

 

 

 

cosecha

 

 

 

 

Algodón

cosecha

 

 

 

 

siembra

 

 

 

 

cosecha

Fuente: Liga de Agrónomos Socialistas. P. 144

Como en el valle de Celaya y la ciénega de Chapala, el proceso del reparto agrario cardenista a partir de 1936, así como por la creación de presas de almacenamiento y derivación en la cuenca alta del Nazas para controlar y regular las avenidas en la parte norte de la Comarca Lagunera, afectaron negativamente el funcionamiento de las cajas de agua, tendiendo a desaparecer hacia mediados de los años sesenta. Sin embargo, en la parte sur de la comarca, donde las tierras son regadas por el río Aguanaval, el manejo de las aguas broncas por parte de los regantes continua hasta la fecha. (FIGURA 9)

¿Cómo se explica la permanencia del aniego en la zona del Aguanaval a pesar del reparto agrario y de la construcción de la presa El Cazadero en 1964? De acuerdo con la revisión bibliográfica es posible plantear algunos supuestos. En primer lugar, de acuerdo a Kroeber a diferencia de los escurrimientos del Nazas, "En el Aguanaval el flujo principal del río llegaba cada año durante un período muy breve, y el río a menudo subía solo por doce horas" (Kroeber, 1994:150). Es decir los escurrimientos de las aguas broncas del Aguanaval se presentan en períodos intensos pero cortos. En segundo lugar, no presentan un patrón definido de escurrimientos de tal manera que sea posible ampliar la superficie de riego y el almacenamiento de las mismas y en tercer lugar, posiblemente los bajos niveles de precipitación en la cuenca alta del Aguanaval no permiten un flujo constante de escurrimientos por el cauce del río de tal manera que no sea posible mantener niveles de almacenamiento de las aguas en los embalses y se tienda a aprovechar las avenidas de las aguas broncas en la cajas de agua.

De acuerdo con el testimonio de don Francisco Orona Frayre, miembro del ejido Gilita, las cajas de agua del Aguanaval, que ellos denominan como bordos de las parcelas, son utilizadas actualmente para la siembra de cártamo, espiga, sorgo forrajero, frijol o maíz:

El entarquinamiento en Europa

En 1803, cuando el barón Alejandro von Humbolt visitó los trigales del Bajío mexicano no dudo en comparar su riqueza con la campiña francesa y el método de cultivo del trigo con el que se practicaba en Egipto17. Estas impresiones del científico alemán nos permiten introducirnos al tema del entarquinamiento en Europa y el norte de África para tratar de ver paralelismos y particularidades con lo que hemos señalado para el caso mexicano. Para alcanzar este objetivo hemos recurrido a tres tipos de fuentes: los diccionarios de la lengua española, manuales de agricultura españoles y franceses publicados en el siglo XIX y las referencias proporcionadas por colegas allende el Atlántico.

La búsqueda en diccionarios ha resultado poco satisfactoria. Los materiales consultados son pobres en sus definiciones y nada dicen sobre la forma en que se practicaba. Así por ejemplo, el Diccionario de Autoridades de 1732 afirma que entarquinar significa llenar de tarquín, y es lo mismo que llenar de cieno, ensuciar y emporcar. (Diccionario (1732) 1979:498). La cuarta edición del Nuevo Diccionario de la Lengua Española solo agrega los verbos abonar y estercolar a la definición (Nuevo Diccionario, 1868:510). Aniceto de Pagés en su Gran Diccionario además de incluir la idea de ensuciar o manchar con tarquín, avanza un poco y define la acción de entarquinar como el rellenar y sanear un terreno pantanoso o una laguna por la sedimentación del légamo o tarquín que lleva una corriente de agua. Además nos informa que en algunas provincias españolas a la acción de entarquinar también se le conoce como enronar o correntear (Pagés, (1909) 1932:1007). El autor del Diccionario del Español Actual entrecomilla la palabra "raro" y le da el significado de manchar con légamo (Seco, 1999).

Nuestros deseos de comparación con técnicas del Viejo Mundo nos ha llevado a consultar manuales de agricultura y drenaje españoles y franceses, que nos permiten avanzar más en torno al uso del entarquinamiento o técnicas similares en varios puntos de Europa. En principio, estos materiales de consulta distinguen varias formas generales de manejo de agua para riego. De interés particular para nuestros propósitos es el riego por sumersión, el limonage y el colmatage como principales métodos de aprovechamiento de aguas torrenciales y limo.

Riegos por sumersión o inundación

Utilizado para el aprovechamiento del légamo que acarrea el agua turbia y el combate de ratas y topos, el riego por sumersión consiste en cubrir una extensión de suelo con una capa de agua más o menos alta que queda depositada durante un tiempo, pudiéndose repetir la operación18. El material consultado nos informa que para que se produzca el efecto de inundación, se impone la construcción de bordos o diques para la retención del agua y de acequias alimentadoras y obras de desagüe. Una condición necesaria para el riego por sumersión es el hecho de que el terreno no debe tener más de 2% de pendiente. Por lo mismo, los diques que circunscriben los campos tienen una altura de 0.15 a 0.30 m. (Barral, 1862:397-398; Girardin y A. Dubreuil, 1875:179; Vicuña y Serrano, 1877, T. II:116; Risler y Wery, 1909:250-251)

Vicuña y Serrano señalan que la sumersión es el principal método de riego en España pero también lo ubican para el "Mediodía" de Francia y en Argelia, siendo particularmente conveniente para el riego de cereales y "plantas escardadas". (Vicuña y Serrano, 1877, T. II:117). Barral, retomando a otro autor, afirma que es el método practicado en la mayor parte de Alemania (Barral, 1862:399) y Risler y Wery toman como ejemplo la campiña belga. (Risler y Wery, 1909:254) Mientras tanto, Brunhes nos informa que hasta antes de la primera mitad del siglo XIX, el riego por sumersión era la técnica más empleada en el antiguo Egipto19. Sin embargo, es necesario remarcar las grandes diferencias con el mundo europeo con relación al tamaño de los bordos y la superficie de los depósitos ya que estos iban de entre 400 a 1700 hectáreas20.

En cuanto a sus variantes, los autores que las explican difieren en el enfoque para su clasificación. Vicuña y Serrano, al considerar fundamentalmente el tipo de suelo sujeto a irrigar, distinguen dos variantes: la sumersión de terrenos casi horizontales y la sumersión de terrenos inclinados. Por el contrario, Risler y Wery también toman en cuenta el tipo de suelo pero le dan un peso específico al tipo de agua y clasifican al método en tres variantes: sumersión natural, sumersión artificial simple y sumersión artificial con flujo continuo21.

De particular interés para nuestros propósitos es la descripción que hacen Risler y Wery de la sumersión artificial simple en virtud de la existencia de compartimentos formados a partir de bordos o diques no mayores de 0.25 m de altura, lo que supone compartimentos de 10 a 30 áreas y pendientes menores al 2 %. En pocas palabras, en el riego por sumersión a partir de compartimentos es posible distinguir tres componentes físicos principales: un dique o bordo que sirve para retener el agua, un canal de alimentación que también cumple las funciones de drenaje. Finalmente una compuerta en cada extremidad de la acequia que sirve para regular el llenado y vaciado de los depósitos22. (FIGURA 10, 11 y 12)

Con relación a las ventajas de la sumersión artificial simple se insiste en el enriquecimiento de los suelos, la simplicidad, el combate a ciertas plagas y la posibilidad de transformar suelos pedregosos. En cuanto a sus desventajas, se habla de la imposibilidad de aplicarse cuando la planta ha germinado, la falta de oxigenación de la tierra si el agua dura mucho tiempo estancada y la inconveniencia de su aplicación para el cultivo de leguminosas. (Risler y Wery, 1909:255) Sin embargo, es posible continuar usando los limos arrastrados por las corrientes hasta que el estado de los cultivos lo permita. Esta técnica se conoce como limonage y es un procedimiento más gradual de mejoramiento de los suelos23. En el caso particular del limonage, la técnica se vincula con los métodos de riego mientras que el colmatage, como lo veremos enseguida, es un procedimiento para la desecación que utiliza la retención del tarquín en grandes cantidades.

El colmatage

Viene de la palabra italiana colmare, combler y es una técnica usada durante siglos en varias regiones de Europa como método de desecamiento de pantanos. El colmatage consiste en elevar el terreno a partir del uso del suelo aluvial que es arrastrado por las corrientes torrenciales y depositado en compartimentos construidos ex profeso. La operación principal consiste en hacer llegar lentamente el agua turbia sobre un terreno dividido en depósitos con el fin de elevar su superficie con la materia orgánica que acarrea el agua, formando un terreno apto para el cultivo. Esta operación se repite durante varios años hasta alcanzar la altura deseada24.

De acuerdo con Rafael Laguna, este método es conocido en España como entarquinamiento:

Según Barral, en Francia, las mejores aguas para las operaciones del colmatage eran las de l´Hérault, Vidourle, de la Durance, de l´Aude, de l´Ardèche, de la Drôme, y de l´Ouvèze25.En Alemania, este método se denomina como terrament y se practicaba en gran escala, particularmente en las propiedades de los duques de Lunebourg y de Brême. Los terrament consisten en acarrear las tierras de una elevación que domina un valle, usando los propios cursos naturales de agua, para ser depositadas sobre superficies más bajas y pantanosas, de manera de crear una superficie plana, dulcemente inclinada, susceptible de convertirse rápidamente en una excelente pradera irrigada. (Barral, 1862:482)

Pero es en Italia y particularmente en Toscana -valle de la Chiana- donde, a decir de Barral, se encuentran los mejores colmatages europeos. En este valle, las guerras de la edad media había provocado el abandono de los campos hasta el siglo XVII cuando la familia de los Médicis procurará recuperar la prosperidad de la región. En la discusión de la mejor forma de lograrlo participaron Galilée, Castelli y Torricelli. El nuevo sistema fue adoptado en lugar del simple cruzamiento y la profundización de los canales de desagüe y a principios del siglo XX lo constituían 15,000 hectáreas de terreno fértil donde se cultivan cereales, plantas tintóreas, cáñamo, etc. (Barral, 1862:483-484. Vicuña y Serrano, 1877:48)

La descripciones encontradas coinciden en definir los elementos estructurales del colmatage. En principio una toma de agua abierta sobre el curso natural del río o de un canal. Es importante que el umbral de la toma esté ubicada bastante bajo para que sea convenientemente alimentada, incluso cuando las aguas del río tienen una altura media. Un segundo elemento estructural son los canales de alimentación que se desprenden de las tomas de agua, con la pendiente necesaria para una rápida conducción de los limos. Sin embargo, una pendiente excesiva provocará la erosión del fondo del canal. En extensiones grandes, cada canal de alimentación se bifurca en distintos brazos hasta formar una red semejante a la de los canales de riego. Después están los depósitos amurallados, es decir, que la superficie a colmatar se divide en depósitos separados por diques lo suficientemente gruesos como para resistir la presión hidráulica. Estos diques son de tierra y varían de acuerdo con la superficie a rodear. Por ejemplo, para una superficie a colmar de 2.30.00 has, es necesario un dique de 1.50 m de corona y una altura de 0.50 m. sobre el terreno como se muestra en la ilustración. Finalmente están los canales de cintura que sirven para conducir las aguas filtradas y las aguas esclarecidas que pasan de un depósito a otro.

Como hemos podido observar, además de la construcción de canales alimentadores, bordos para la formación de depósitos, compuertas y canales secundarios, las técnicas de sumersión y colmatage nos remiten a espacios con pendientes mínimas e incluso cenagosos y no representan la totalidad de ejemplos de uso de aguas torrenciales en el viejo mundo. Para ampliar nuestro inventario es necesario atender a las técnicas que se usan en regiones áridas y semiáridas y que también emplean depósitos artificiales.

Gavias, nateros, y jessour

En las Islas Canarias y norte de África nos han reportado la práctica del entarquinamiento a partir de depósitos artificiales distinta a los descritos en párrafos anteriores. Estos depósitos son conocidos localmente como gavias, nateros y tabias. Al respecto, han sido extremadamente valiosos los datos proporcionados por nuestros colegas en virtud de la carencia de bibliografía en México y de la pobreza contenida en los diccionarios consultados, para considerar estos ejemplos en un primer ejercicio comparativo.

Tres son las acepciones principales que tiene la voz gavia. La primera está relacionada con la navegación ya que refiere al cesto tejido de mimbre que está en lo alto del mástil de una nave. La segunda refiere a la jaula de madera en que se encierra a un loco furioso, y la tercera a la zanja que se abre en la tierra para desagüe, linde de propiedades o pozo para plantar árboles (Covarrubias (1611) 1943:634; Diccionario (1732), 1979, T II:35; Pages (1909), 1932, T III:177).

Más esclarecedores han sido los datos proporcionados por Irene Dupuis, Gilberto Martel y Jorge Mesa quienes comentan que la gavia es un terreno agrícola de entre 1000 y 6000 m2 circundando por un bordo de tierra o de piedra y tierra de hasta un metro y metro y medio de altura conocido como caballón o trastón. Por su ubicación en la laderas, las gavias son llenadas mediante canales -a los que se les denomina como caños-- que se convierten en elementos estructurales de la técnica. Parte importante de la estructura de los bordos son los rebosaderos que permiten pasar el agua hacia otra gavia situada en un nivel inferior, o hacia el cauce del barranco. Al conjunto de gavias se le denomina como rosa y fueron utilizadas para el cultivo de cereales y leguminosas en Fuenteventura y Lanzarote, existiendo la voz en Tenerife y Gran Canaria26. (FIGURA 13)

Los nateros

Situados también en territorio canario, los nateros, a diferencia de las gavias, son superficies de cultivo logradas gracias a la construcción de muros de piedra perpendiculares al cauce. De esta manera se deja libre el cauce principal desviando sólo una parte del agua y materia orgánica hacia el terreno. Se usa principalmente para el cultivo de frutales de secano y cereales. Aunque los nateros son comunes a todas las islas, en la Gomera se les llama "lameros", palabra derivada de "lama" o fango. (Rodríguez Brito, 1996:164; Irene Dupuis, información personal)

Jessour

Utilizados en las regiones áridas y semiáridas del norte de Africa, con precipitaciones menores a los 250 mm anuales, los jessour se forman a partir de la tierra que es retenida por pequeños bordos de piedra. La técnica se asemeja a las terrazas pero difieren de estas en dimensión y en el hecho de que no se localizan en los valles ni en las laderas sino en el fondo de barrancas o depresiones topográficas. El suelo de cultivo se va formando como resultado de la erosión en las partes altas de la cuenca, que es retenida por los bordos. Sobre estos espacios se cultivan árboles frutales, olivos, almendros, higueras, albaricoques y, sobre todo, palmas datileras. (Baldy, 1997) En este caso, como en otros donde los depósitos están sobre los bancales, el factor topográfico y seguramente la precipitación pluvial obligan a una distribución en tandem donde los primeros depósitos en llenarse son los más altos. (FIGURA 14 y 15)

Consideraciones finales

Con los resultados hasta aquí obtenidos nos queda claro que en términos generales el uso de las aguas torrenciales a partir de depósitos artificiales como técnica para el manejo de agua y suelo, no es privativo de una cultura. En el caso del entarquinamiento, su práctica en la América prehispánica, en el antiguo Egipto y la Europa medieval y del renacimiento, nos demuestra desarrollos paralelos o la existencia de más de un centro difusor. Sin embargo, el intercambio cultural, particularmente entre Europa y América, nos dan la oportunidad de establecer algunos puntos de contacto.

En principio debemos marcar el hecho de que los ejemplos de entarquinamiento prehispánico hasta ahora referidos nos remiten a la construcción de depósitos en barrancas y laderas y no en valles o ciénegas. Lo anterior sugeriría que la construcción de las "cajas de agua" como las descritas en los tres casos seleccionados, nos remite cronológicamente al periodo colonial y, en términos geográficos, al centro y norte de México. Esto reforzaría la hipótesis sostenida por Martín Sánchez de que el uso sistemático del entarquinamiento con cajas de agua comienza a fines del siglo XVII y tiene que ver con la presión de una creciente demanda de cereales y la inexistencia de corrientes superficiales de agua perenne con volúmenes suficientes como para cubrir la demanda.

Un primer punto que marca coincidencias y diferencias es el tipo de cultivo que se siembra en las cajas. En el caso de las mexicanas y concretamente de las abajeñas y de la Comarca Lagunera, el trigo fue el principal cultivo. Empero, también está presente el maíz e incluso algunos pastos para el ganado.

Un segundo punto a destacar es la existencia de redes hidráulicas compuestas de presas de derivación, acequias principales y secundarias y, por supuesto de bordos para el almacenamiento. Pero, haciendo a un lado el caso egipcio, las cajas de agua mexicanas cuentan con bordos mucho más altos, anchos y largos que los depósitos europeos, lo que trae como consecuencia que las cajas puedan cubrir una mayor superficie de tierra cultivable individualmente. Esto nos lleva a ver que las láminas de agua son también mayores para el caso mexicano.

En tercer lugar, la práctica del entarquinamiento significa dejar almacenadas temporalmente las aguas torrenciales para permitir que la materia orgánica que las acompaña se deposite en la superficie del depósito. La diferencia radica en el tiempo que permanece almacenada el agua, siendo de dos a tres semanas para el caso europeo, y hasta de dos a tres meses para el mexicano.

Finalmente, es importante marcar una gran diferencia que tiene que ver con el objeto mismo de la técnica. Mientras que en Europa el entarquinamiento y el colmatage están ligados al saneamiento de terrenos cenagosos, en México refiere principalmente a una técnica de riego.

Notas

* Jacinta Palerm Viqueira Profesor Investigador Colegio de Postgraduados; José Luis Pimentel Equihua Investigador Colegio de Postgraduados; J; Martín Sánchez Profesor Investigador Colegio de Michoacán; Herb Eling INAH-Saltilo, Elvia López Pacheco Estudiante Maestría Colegio de Postgraduados

1

La principal diferencia con el riego por inundación es este consiste en regar un cultivo, mientras que en el entarquinamiento se introduce humedad al suelo y una vez vacío el depósito se siembra.

2

The Papago and other Sonoran groups perfected a technique called "floodplain irrigation", which was confined to a few river edges and arroyo mouths. (...) A flash flood comes roaring down the sandy riverbed on a July day. It surges into a temporary catchment basin, where it immediately soaks into the soil or forms a pond for later diversion. Cottonwoods, willows, and burrobushes, some of them artificially planted by the Indians in fencerows along the watercourse, slow the current, spreading the water over a broad, flat surface and trapping the suspended silt for fertilizer. Then, in the mud left by the flood, the Papago plant their seeds, expecting to harvest them before the earth turns bricklike again. The fields irrigated in this way are small, irregular patches --two acres here, 3 or 4 there. (...) also called arroyo-mouth, or ak-chin, farming. (...) Nabhan citado en Worster, 1985:33-34.

3

"Los muros se localizan cruzando los arroyos de temporal o cauces de agua intermitentes ...... las terrazas de temporal o ´de valle´ son menos variadas en tamaño en comparación con las de ladera; las primeras tienen muros de 8 a 30 m. de longitud por 0.30 a 1.70 de altura, mientras que las segundas alcanzan hasta cien o más metros de longitud y sus muros alturas diversas. ... las ´terrazas de temporal o de valle´ cubren áreas de 0.2 a 14 ha., con un promedio de 3 ha." García Cook, 1985, T. II, 53-54

4

"A second, but irregular, source of water in the valley cames seasonally from the barrancas (streams that flow only when it rains). Based on a survey of resource management systems in Middle America, Gene Wilken concludes that the Tehuacán Valley has "undoubtedly the most extensive and complex runoff management systems in Middle America" (1979:18). The backbone of this system is the Río Zapotitlán, which is joined by the Barranca de San Antonio just above Chilac. During the rainy season, between May and September, heavy rains in the sierra fill the barranca with aguas broncas (wild water). The waters are partially diverted by the agriculturalists from San Gabriel Chilac and San José Miahuatlán, who have built a series of diversion dams that stretch across the barranca. The dams force water into the network of canals that carry the water to the fields. This water is particularly important because it contains rich topsoil, which is deposited on the fields, making them the most productive in the valley. Water from the first storm is not used for irrigation, to allow the salt and debris that have accumulated in the streambed during the year to wash away.

(...) The water rushes down the main channels, which stretch as far as five kilometers. A maze of secondary and tertiary canals then guides the water to the fields. The fields are divided into pantles (divisions of lands with earth borders). Pantles, that basic units of irrigation, range in size from less than an eighth of a hectare to a quarter of a hectare, and they take many shapes, depending on topographic and ownership patterns. Fields that are watered with agues broncos have to have thick borders to sustain the impact of the flood-water. Some of them may be up to four feet thick at the base and more than three feet high. When the pantles are filled, the gate is closed, allowing the water to soak into the soil and leave a new layer of soil. The process has to be coordinated because too much water can wash out the gate and the fields, destroying years of work". Enge y Whiteford, 1989:31-32.

5

"They are constructed of stone or a combination of earth and branches and are almost always less than one meter high, and commonly less than half a meter. In length they range from 3 to 30 meters with most less than 10 meters long. In the mountains, and piedmont they are characteristically found in groups; each group forming a series of steps down a depression or valley whereas on the valley floor they are usually built singly or in pairs." Kirbky, 1972:65).

6

El propio Winter distingue dos variantes de este tipo de terrazas. La primera tiene "un pequeño canal excavado a un lado de las terrazas donde se unen con la ladera. El canal encauza el agua excesiva que cae sobre la ladera durante las lluvias fuertes, y que pudiera erosionar las terrazas." La otra variante tiene un arroyo a su lado. "En ciertos casos el arroyo parece funcionar como drenaje, impidiendo la erosión de las terrazas. En otros el fondo del arroyo está por debajo de los suelos de las terrazas. El arroyo sirve la función positiva de evitar la erosión de las terrazas en ocasiones de fuertes lluvias, pero también funciona en el sentido negativo de permitir la salida y la evaporación de la humedad que se espera conservar en el suelo. Posiblemente tales casios extremos representen sistemas lama bordo ya abandonados, o no bien cuidados" Winter 1989 (1985), T, II:99-100.

7

Refiriéndose a las técnicas de riego en el suroeste de los Estados Unidos, Armillas identifica a las presas como variantes del riego por inundación y describe los depósitos de la siguiente manera: "Las presas se construyen con piedras apiladas y varas, y sirven para detener el suelo y la humedad al hacer más lento el paso de la corriente y para obstruir la erosión. Lo que se siembra en esas terrazas es casi siempre maíz temprano que se asocia con las celebraciones ceremoniales" Armillas, 1991, T II:109. El propio Armillas cuando menciona el riego entre los Pimas del Gila (entre Sonora y Arizona) dice que observadores de los siglos XVIII y XIX que conocieron las costumbres de los Pimas señalaron que: "se construían diques de desviación temporales hechos de palos enhiestos colocados en líneas zizageantes sobre el lecho del río, como marco para soportar una barrera de ramas y varas; en algunoas ocasiones también se usaban rocas y árboles para reforzar la construcción. Estas barreras rara vez se mantenían en pie más de un año, pues las arrastraban algunas crecientes intempestivas. Las redes de canales de conducción y distribución eran muy extensas; de los canales principales se desprendían muchos ramales laterales hacia ambos lados. Las acequias principales llegaban a tener hasta 3 m de profundidad en su toma, y hasta 1.20-1.80 m. de ancho. Los campos irrigados se subdividían por bordos de tierra en rectángulos de 70 m. por 35 m. aproximadamente." Ibid, p. 111.

8

"Las terrazas que se han dado en llamar presas y que localmente reciben nombres como trincheras (Chihuahua, según Herold, 1965), atajadizos (valle de Mezquital, según Jonson, 1977), teceras (¿teseras?) (valle de México, según West, 1970 y Sanders 1957), terraples agrícolas (Río Bec, según Turner, 1974:118), lama y bordo (Mixteca, según Spores, 1969). Casi siempre se construyeron en series o conjuntos en el interior y a lo ancho de barrancas y cárcavas, tienen muros de piedra sencillos, dobles y hasta triples y éstos presentan a veces setos vivos y relleno. En inglés se denominan cross-channel terraces, check dams, silt-trop terraces, channel-bottom terraces, weir terraces o flood-water terraces.

Con los muros se atajan y atrapan sedimentos (lama), se dirigen las escurrantías y se retiene la humedad, formando gradualmente una terraza de cultivo (Lorenzo, 1969:58, Charlton, 1970:284-287; Turnes, 1974:119; véase esquema en Herold, 1965:111). En ocasiones los muros presentan lo que en el Mezquital llaman los campesinos actuales una "compuerta", una abertura en la parte superior del muro exterior para dar salida al agua de lluvia sobrante una vez que el suelo ha quedado embebido (véase esquema en Jonson, 1977:121-122). Es posible que muchas de estas terrazas se hayan hecho con la intención de derivar el agua de las corrientes temporales a los terrenos y más tarde, al azolvarse, haberse convertido en campo de cultivo. Rojas, 1988:120-121.

9

Boletín de Agricultura, Minería e Industrias, Año IX, No. 8, febrero de 1900, pp. 4-5.

10

AHA, AS, Informe del Ing. Luis Ballesteros a la CNI, Guadalajara, 23 de marzo de 1929, Caja 238, Exp. 5697, f. 220-221.

11

AHA, AS, Informe de la inspección reglamentaria de la hacienda de La Estanzuela, Mich., Guadalajara, 16 de noviembre de 1931, Caja 846, Exp. 12196.

12

AHA, AS, Informe del ing. Abel F. Nava al secretario de Fomento, Coeneo, Mich., 26 de septiembre de 1908, Caja 434, Exp. 7791, f. 50-51v.

13

AHA, AS, Informe del ing. Abel F. Nava al secretario de Fomento, Coeneo, Mich., 26 de septiembre de 1908, Caja 434, Exp. 7791, f. 50-51v.

14

Si bien varios productores manifiestan que la mayoría de las cajas las hicieron los hacendados, en el ejido de Coeneo dentro del predio de "La Mansa", hay tres cajas que han hecho los ejidatarios de manera colectiva con una superficie de 6 y 13 has.

15

Una unidad de medida utilizada localmente es la besana, definida como una franja alargada de terreno de aproximadamente 5, metros de ancho por 100, 200, 300 metros de largo o lo que mida la "caja de agua" de largo, es una medida de superficie empleada como referente de negociación de carga de trabajo entre dueños y trabajadores contratados. En algunos casos una besana puede ser el total de superficie poseída por un productor en una caja. Según el Diccionario Hispánico Universal besana Labor de superfiecie de surcos paralelos que se hace con el arado//Primer surco que se abre en la tierra cuando se empieza a arar// Medida agraria usada en Cataluña, que equivale a 2.187 centiáreas. En el Diccionario de Mexicanismos dice besana Vulgarmente dícese de las labores agrícolas, de cierta extensión o superficie de terreno que se va a labrar o que se señala para ser arada//También superficie de tres hectáreas.

16

El agrónomo Alfonso Hernández nos ofrece el siguiente testimonio de las cajas en la Laguna antes del reparto agrario: "El sistema de explotación de la tierra presentaba características muy particulares, ya que había propiedades muy grandes subdivididas en otras de menor tamaño. Cada propiedad tenía su tierra formando cuadros de 50 o más hectáreas con bordos de un metro de alto o más. Sólo la Cía. De Tlahualilo hizo una magnífica planificación, siguiendo la pendiente, formando cuadros de 25 hectáreas. Cuando llegaban las avenidas en los meses de junio o julio empezaban a llenarlos, formando verdaderas lagunas donde se iba consumiendo el agua. Entre más tardías eran las avenidas la lámina de agua era menor. Para el mes de diciembre se desaguaban y empezaba su preparación para iniciar la siembra del algodonero el 2 de febrero, día de la Candelaria. Una parte de la superficie que se anegaba temprano, se destinaba al cultivo del trigo. Debido a este sistema de aniego, las aguas freáticas eran muy superficiales; por eso era posible producir algodón con el aniego." Hernández, 1975:47.

17

"En las haciendas de trigo en que el sistema de riego está bien establecido, como cerca del León, Silao e Irapuato, se riega dos veces: la primera en el mes de enero luego que la planta nace; y la segunda a principios de marzo, cuando la espiga está inmediata a desarrollarse; y aun algunas veces se inunda todo el campo antes de sembrarlo. Se observa que dejando permanecer las aguas algunas semanas, el suelo se empapa de humedad a tal punto, que el trigo resiste más fácilmente a las grandes sequías. Luego que se desaguan los campos abriendo las acequias, se siembra a puño. Este método recuerda el cultivo del trigo en el bajo Egipto; y aquellas inundaciones prolongadas disminuyen al mismo tiempo la abundancia de yerbas parásitas que se mezclan con las mieses cuando se siegan..." Humboldt, 1978 (1822), p. 257.

18

Como forma de fertilización de la tierra, el agua puede permanecer hasta por 15 días según Barral, y renovarse a intervalos de acuerdo con Vicuña y Serrano. Para el primer autor, una vez efectuadas las labores de siembra y con la semilla germinada, entonces los riegos no deben ser mayores de 24 horas. Para Vicuña y Serrano cuando las aguas traen bastante légamo no debe regarse por sumersión más que al fin de otoño o en invierno. Barral, 1862:400; Vicuña y Serrano, 1877, T.II:116-117.

19

Le grand procede de L´époque pharaonique était en effet l´inondation direct des terres; par un double système de digues, les unes parallèles au cours du fleuve et les autres perpendiculaires, on abatí créé et on entretenait de véritables bassins échelonnés le long du fleuve; chacun de ces bassins s´´ecoulait dans celui qui était situé en aval et tous conservaient les eaux durant quel ques semaines. Ces bassins dínondation, visités annuallement par la crue, constituaient eux-mêmes directyement les teritoires de culture. Cette manière d´utiliser les eaux du Nil s´appelait la submersion et elle est encore en usage dans una grande partie de la Moyenne et de la Haute-Égypte. (Brunhes, 1904:310)

20

Agiculture in ancient Egypt, www.terraflex.co.il/ad/egypt/timelines/topics/agriculture.htm

21

1º La submersion naturelle, qui résulte soit du débordament normal d´un cours d´eau, soit de l´inondation que l´on provoque artificiellment en exhaussant le niveao des eaux; 2º La submersion artificielle simple, dan laquelle les eaux maintenues entre des digues restent stagnantes pendant toute la durée de l´arrosage; 3º La submersion artificielle avec écoulement continu. L´eau circule doucement á la surface du terrain submergé. Elle se renouvelle d´une manière et continue. Risler y Wery, 1909:249-250.

22

Le terrain est divisé en compartiments réguliers entourés de diguettes qui maintiennent les esaux. Le plus souvent les eaux qui ont arrosé un terrain supeérieur arresent ensuite un compartiment inférieur. Au milieu de chaque compartiment et dans le sens de sa longueur, c´est-à-dire de la pente du sol, est creusée une rigole qui sert à la fois de rigole d´amenmée des eaux et de rigole de desséchement. A cet effet, elle peut être accompagnée de petites rigoles laterals h. A l´origine et à l´extremité de chaque compartiment, la rigole g porte une buse en bois munie d´une vanne. Grâce à ce dispositif, on peut retenir les eaux dans un compartiment ou les laisser écouler dans le suivant. La rigole g doit avoir une pente de 0 m,001 par mètre environ. Sa largeur au plafond et sa profondeur dépendent naturellement de la surface du compartiment et de la quantité d´eau qu´on y envoie. (Risler y Wery, 1909:251-252)

23

"Le principe à subiré consiste à faire couler lentament sur le sol préalablement aplani, l´eau trouble en nappe très mince. La surface du sol doit donc éter faiblement inclinée et interrompue de place en place par ces levees de terre don't nous avons deja parlé à propos de la submersion. Ces digues son assez eleves lorsq´il s´agit de champs cultivés oû il faut couvir de grandes espaces libres dóbstacles. La même nécessité n´existe pas pour les sols encore incultes soumis au limonage. Les levées de terre peuvent donc éter très rapprocheées les unes des autres et conister en de simples bourrelets de 1 à 2 décimètres de hauteur tout au plus. Plus tard, losque la terre sera propre à la culture, la charrue et la herse effaceront facilment ces inégalités." Risler y Wery, 1909:319.

24

Descripciones del colmatage aparecen en Barral, 1862:471-484; Vicuña y Serrano, 1877:45-46; Risler y Wery, 1909:516-520; Salvador, 1900:249-333; Laguna, 1878:80-81.

25

Para ejemplificar el proceso, Barral retoma el ejemplo publicado en el Journal d´agriculture practique de 1851, escrito por el ingeniero de puentes y caminos M. Conte:

La terre à colmater est d´abord entourée d´un fossé destiné à l`isoler des terres riveraines, et à recevoir les infiltrations; les déblais du fossé servent à éstablir une chaussée qui s´élève à 0m.70 environ audessus de la terre à colmater. Cette terre est ensuite coupée en zones a, a´, a´´, aiv av, de plus en plus petites au fur et à mesure qu´on s´éloigne du canal qui dopit fournir les eaux. Ces zones sont formée par de petites chaussées; le couronnement de la premièr est à 0m.50 audessus du terrain, et les autres sont disposées de bacón que la terre serve une inclinación vers la direction a av; dans le chantier représenté para la figure 534, le couronnement de la seconde chausée est placé à 0m.10 en contre-bas de celui de la premièr, et ainsi de suit; le couronnement de chaque chaussée étant de 0m.10 au-dessous de celui qui precede. Les eaux son introduites dans le compartiment a au moyen du canal b b. Losque ce compartiment se trouve rempli, les eaux se déversent dans le comartiment a´ par-dessus la chaussé b´b´; elle se rendent ensuite succesivement dans chacun des autres compartiments, où elles déposent tous les sédiments qu´elles tiennent en suspensión; puis elles son recues dans le fossé c c, et de là elles se rendent dans le canal d´éculement, où elles arrivent aussi claires que de l´eau de roche.

Le premier compartiment a est bientôt colmaté; aussitôt qu´il a recu la couche de limon qui paraît convenable, on creause un fossé le long de la chaussée b b´dans le compartiment a pour l´isoler du reste du chantier; on renforce cette chaussée, et le compartiment a´´ devient à son tour tête du colmatage.

On continue ainsi husqu`à ce que chacun des compartiments ait été suffisamment colmaté. Les divers compartiments a, a´, etc., recevant successivement les eaux, les dépôts les plus grossiers se font d´abord dans les premiers compartiments et les depots les plus ténus dans les derniers; mais les eaux de première main étant tour à tour amenées dans chaque compartiment, toutes les natures de depots sý forment et sont d´aileurs parfaitement mélanges par les charruages. (Barral, 1862:477-479)

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Los autores de este documento agradecemos a Irene Dupuis, Gilberto Martel y Jorge Mesa por la información proporcionada vía internet.

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